viernes, 16 de mayo de 2014

LA PSICOLOÍA Y EL DOLOR

Por David Vázquez Mera, Psicólogo Forense. Mayo 2014


Hace ya más de medio siglo Buytendijk se preguntó si la ciencia era capaz de responder a cualquier interrogante que la vida le formulara, y tras largo tiempo buscando una respuesta, llegó a la irritante conclusión de que la ciencia no podía contestar casi nunca a estas cuestiones. El sueño, la fatiga, los sentimientos, la voluntad, el dolor,... son elementos demasiado complicados por lo que la ciencia no se preocupaba por  estudiarlos cuando se daban en un estado normal y sano del sujeto. La ciencia se limitó a decir que las personas “son así”.

            Hoy día, las cosas han cambiado. La ciencia afronta de lleno estos elementos, pero ¿realmente se pueden afrontar científicamente? ¿un elemento tan puramente subjetivo, como puede ser la voluntad, el asco, el sabor,... puede explicarse objetivamente como  afirma la ciencia de hoy? Para el neurólogo Ramachandran la respuesta es clara: un si rotundo.

            Los filósofos llaman a este problema el enigma de los qualias o sensación subjetiva. ¿Cómo es posible que un flujo de iones genere todo el mundo subjetivo de sensaciones como el rojo, el calor, el frío o el dolor? René Leriche escribía que el dolor, aún siendo algo cotidiano, se escapa a nuestro conocimiento exacto.

            El dolor suele estar asociado a la percepción de un daño que se ha producido en nuestro cuerpo. En este sentido el dolor sería la percepción del daño. Pero entre el daño y el dolor intervienen una serie de factores de tipo psicológico. Cuando un torero es corneado en la plaza, con la emoción del momento puede seguir toreando, sin embargo, cuando acaba, todos nos asombramos de cómo ha sido posible con una herida de esa magnitud que tendría que dolerle mucho. Otra persona ante el más mínimo dolor deja de hacer cualquier cosa. En circunstancias normales, sabemos que no todos sentimos el mismo dolor ante una herida similar, es más, nosotros mismos unas veces lo aguantamos mejor que otras.

            El dolor, como estamos viendo, constituye un reto que involucra desde sus aspectos prácticos hasta los teóricos. Normalmente, el médico ve el dolor como un fenómeno secundario (como un síntoma), mientras que para el paciente es el problema central. Por esta razón, el profesional debe aprender a interpretar el lenguaje tanto del paciente como del propio dolor.

            Hasta no hace mucho, se pensaba que el dolor implicaba únicamente la existencia de un daño físico, sin embargo, actualmente la ciencia está dando más importancia a las consecuencias de la vivencia del dolor. El dolor genera importantes reacciones emocionales que pueden potenciar el sufrimiento que lleva asociado o disminuirlo. El dolor ya no es sólo un síntoma de una enfermedad, sino que puede llegar a ser una enfermedad por si sola, es el caso por ejemplo del dolor crónico y/o la fibromialgia, con lo que hay que afrontar esta realidad desde una perspectiva más amplia.

El mundo científico está reconociendo que el dolor tiene un fuerte componente subjetivo y emocional, además de otros componentes asociados a los correlatos biológicos del dolor. Si lo conceptualizamos como un afecto, podríamos entonces conceder gran importancia al papel central que tienen los factores psicosociales en el tratamiento y disminución del dolor. Se puede plantear entonces que la percepción y expresión del dolor están siempre codeterminadas por el grado de atención, el estado emocional, el estilo cognitivo, la personalidad y la situación de vida del paciente, aspectos puramente psicológicos, los que a su vez estarán siempre vinculados a eventos cerebrales, sean éstos provocados por pensamientos o descargas neuronales de una estimulación dolorosa.

Sin esta forma de afrontar su manejo, no es sorprendente que los métodos de tratamiento para el dolor a menudo den como resultado una excesiva duración, aumento de la incapacidad y mayor sufrimiento para el individuo. Sin duda, estos errores en las estrategias se deben en buena parte a que algunos, aún hoy, ven el dolor únicamente como un síntoma en cuya base existe un daño corporal no curado. Es decir, en estos casos, el dolor es visto todavía en términos del modelo de enfermedad, ignorando los efectos positivos de las experiencias emocionales y las expectativas de los individuos sobre la intensidad del sufrimiento.

 El dolor debe afrontarse desde un planteamiento multidisciplinar, donde el factor psicológico es fundamental para un buen tratamiento y curación del dolor. 

CRECER Centro de Psicología y Educación C/ Galiano Nº 4 Local 
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San Fernando (Cádiz) 

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