Por David Vázquez Mera,
Psicólogo Forense. Mayo 2014
Hace ya más de
medio siglo Buytendijk se preguntó si la ciencia era capaz de responder a
cualquier interrogante que la vida le formulara, y tras largo tiempo buscando
una respuesta, llegó a la irritante conclusión de que la ciencia no podía
contestar casi nunca a estas cuestiones. El sueño, la fatiga, los sentimientos,
la voluntad, el dolor,... son elementos demasiado complicados por lo que la
ciencia no se preocupaba por estudiarlos
cuando se daban en un estado normal y sano del sujeto. La ciencia se limitó a
decir que las personas “son así”.
Hoy
día, las cosas han cambiado. La ciencia afronta de lleno estos elementos, pero
¿realmente se pueden afrontar científicamente? ¿un elemento tan puramente
subjetivo, como puede ser la voluntad, el asco, el sabor,... puede explicarse
objetivamente como afirma la ciencia de
hoy? Para el neurólogo Ramachandran la respuesta es clara: un si rotundo.
Los
filósofos llaman a este problema el enigma de los qualias o sensación subjetiva. ¿Cómo es posible que un flujo de
iones genere todo el mundo subjetivo de sensaciones como el rojo, el calor, el
frío o el dolor? René
Leriche escribía que el dolor, aún siendo algo cotidiano, se escapa a nuestro
conocimiento exacto.
El
dolor suele estar asociado a la percepción de un daño que se ha producido en
nuestro cuerpo. En este sentido el dolor sería la percepción del daño. Pero
entre el daño y el dolor intervienen una serie de factores de tipo psicológico.
Cuando un torero es corneado en la plaza, con la emoción del momento puede
seguir toreando, sin embargo, cuando acaba, todos nos asombramos de cómo ha sido
posible con una herida de esa magnitud que tendría que dolerle mucho. Otra
persona ante el más mínimo dolor deja de hacer cualquier cosa. En
circunstancias normales, sabemos que no todos sentimos el mismo dolor ante una
herida similar, es más, nosotros mismos unas veces lo aguantamos mejor que
otras.
El
dolor, como estamos viendo, constituye un reto que involucra desde sus aspectos
prácticos hasta los teóricos. Normalmente, el médico ve el dolor como un
fenómeno secundario (como un síntoma), mientras que para el paciente es el
problema central. Por esta razón, el profesional debe aprender a interpretar el
lenguaje tanto del paciente como del propio dolor.
Hasta
no hace mucho, se pensaba que el dolor implicaba únicamente la existencia de un
daño físico, sin embargo, actualmente la ciencia está dando más importancia a las
consecuencias de la vivencia del dolor. El dolor genera importantes reacciones
emocionales que pueden potenciar el sufrimiento que lleva asociado o
disminuirlo. El dolor ya no es sólo un síntoma de una enfermedad, sino que
puede llegar a ser una enfermedad por si sola, es el caso por ejemplo del dolor
crónico y/o la fibromialgia, con lo que hay que afrontar esta realidad desde
una perspectiva más amplia.
El mundo
científico está reconociendo que el dolor tiene un fuerte componente subjetivo
y emocional, además de otros componentes asociados a los correlatos biológicos
del dolor. Si lo conceptualizamos como un afecto, podríamos entonces conceder gran
importancia al papel central que tienen los factores psicosociales en el
tratamiento y disminución del dolor. Se puede plantear entonces que la
percepción y expresión del dolor están siempre codeterminadas por el grado de
atención, el estado emocional, el estilo cognitivo, la personalidad y la
situación de vida del paciente, aspectos puramente psicológicos, los que a su
vez estarán siempre vinculados a eventos cerebrales, sean éstos provocados por
pensamientos o descargas neuronales de una estimulación dolorosa.
Sin
esta forma de afrontar su manejo, no es sorprendente que los métodos de
tratamiento para el dolor a menudo den como resultado una excesiva duración,
aumento de la incapacidad y mayor sufrimiento para el individuo. Sin duda,
estos errores en las estrategias se deben en buena parte a que algunos, aún
hoy, ven el dolor únicamente como un síntoma en cuya base existe un daño
corporal no curado. Es decir, en estos casos, el dolor es visto todavía en términos
del modelo de enfermedad, ignorando los efectos positivos de las experiencias
emocionales y las expectativas de los individuos sobre la intensidad del
sufrimiento.
El dolor debe afrontarse desde un
planteamiento multidisciplinar, donde el factor psicológico es fundamental para
un buen tratamiento y curación del dolor.
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San Fernando (Cádiz)
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