lunes, 23 de junio de 2014

LA ENFERMEDAD DEL HAMBRE


                                                                                                      David Vázquez Mera. Junio 2014

Introducción

Han pasado unas tres décadas desde que comenzamos a oír de manera repetitiva que había surgido una nueva enfermedad en nuestra sociedad desarrollada. Una enfermedad que en un principio nos parecía increíble y que no podía ser cierta. 

En nuestro primer mundo, donde aparentemente no nos hacía falta nada, aparecieron personas que morían de hambre. ¿Cómo era posible esto? Pensábamos que serían personas sin recursos suficientes. Pero no, esta enfermedad se cebaba precisamente en familias con recursos, donde la expresión “pasar hambre” no existía. Jóvenes adolescentes sucumbían a esta nueva enfermedad: la ANOREXIA.

La sociedad de los años ochenta comenzó a cambiar. Empezamos a dar cada vez más importancia al aspecto físico, y lo que es peor, lo relacionamos con el éxito laboral y social. Los medios de comunicación nos bombardeaban con esta idea calando profundamente en los adolescentes que querían parecerse a esos modelos que se les presentaban.

Hoy día esta idea todavía perdura. Los programas de televisión, las películas, las revistas,… nos ofrecen abundantes modelos de cuerpos ideales, aunque totalmente retocados informáticamente, rodeados de lujo y glamur sin pararse a pensar en las consecuencias tan negativas que ejercen sobre las jóvenes que no están contentos con alguna parte de sus cuerpos. 

No contentos con esto, además se atreven a decirnos cómo conseguir esos cuerpos perfectos que cumplan con la talla y el peso que consideran bellos. Presentan dietas milagrosas que con el mínimo esfuerzo pierdes tantos kilos; productos de belleza que transforman tu imagen convirtiéndote en una super-modelo; y veinte cosas más que no hacen otra cosa que minar la moral de aquellos que no consiguen conseguir estos resultados.

Prácticamente todo el mundo tenemos algo que no nos gusta de nuestro cuerpo, algún rasgo o alguna parte que nos resulte desagradable y no queramos que nadie vea. Esto no es patológico ni mucho menos, es totalmente normal. El problema es que los jóvenes no paran de compararse con los modelos que le rodean, preocupándose y obsesionándose con eso, siendo este el caldo de cultivo del trastorno.

La enfermedad 

La anorexia nerviosa es un desorden psicológico que se refleja en un desorden alimentario. Las personas que padecen esta enfermedad rechazan mantenerse en su peso mínimo normal, quieren estar muy por debajo de ese peso. Temen engordar lo más mínimo, provocando a corto o medio plazo una alteración en la percepción de la forma o del tamaño de su cuerpo o de alguna parte de este. Aunque no pierden las ganas de comer, no lo hacen por miedo a ganar algún gramo. El miedo a engordar no desaparece nunca, va incrementando aunque el peso vaya disminuyendo. 

El enfermo de anorexia normalmente comienza por dietas calóricas que a medida que transcurre el tiempo se hacen más restrictivas, llegando al borde de la inanición. Normalmente, complementan esta dieta con laxantes y diuréticos, llegando a su vez a provocarse el vómito ya que con esta conducta sienten que tienen el dominio sobre su cuerpo. 

Las características de la persona anoréxica, aparte de la pérdida de peso, son varias: La primera es un incremento en el interés por el mundo de la dietética. Se hacen “expertos” conocedores del tema. Comienzan a poner en marcha dietas muy estrictas. Más duras y rígidas de lo normal. Luego comienzan con hábitos en la mesa muy estructurados. Sólo come determinados alimentos (los que menos calorías tienen) separándolos del resto y en una determinada cantidad. Comienzan a beber mucha agua para llenar el estómago y comer menos. 

Otra característica es el continuo ritual de mirarse al espejo. Cada vez pasan más tiempo frente al espejo buscando partes de su cuerpo que consideran obesas. Se empiezan a pesar constantemente. Antes y después de cada comida, al levantarse y al acostarse, al salir y al entrar en casa,… con el fin de comprobar si han ganado peso. 

La falta de alimentos en su cuerpo produce una disminución en el sistema inmunológico, con lo que frecuentemente caen enfermas. Aparecen problemas gastrointestinales debido a ingesta masiva de laxantes. La dentadura se les gasta debido a los continuos vómitos. Pierden la menstruación y se les cae el pelo, la piel se les reseca, se le atrofian las articulaciones,…etc. Un sinfín de patologías, que en los casos más extremos acaban con la muerte del paciente.

A nivel psicológico, destacamos que los pacientes de anorexia rara vez se quejan de que han perdido peso, no son conscientes de su alteración, la niegan y pueden explicarla con historias poco creíbles. Su percepción está alterada. Siguen viéndose gordas a pesar de estar escuálidas o siguen expresando una gran insatisfacción con su cuerpo y su imagen. Su cuerpo se ha convertido en la definición de su valía como personas y a pesar del estricto control que ejercen sobre él, siguen sin gustarse. Aunque se empeñen en decir que están bien, no lo están. Su estado de ánimo cae, pudiendo llegar a un estado depresivo. Se vuelven irritables. No toleran nada. Apenas duermen y suelen aislarse en su habitación. 

Causas e intervención

Hoy día no podemos decir que existe una causa única para la anorexia nerviosa. Se han encontrado elementos genéticos, familiares, sociales y sobre todo culturales en la aparición de este mal. Y todos ellos se deben tener en cuenta a la hora de tratar el problema. 

Cuando comenzamos el tratamiento, lo primero que debemos afrontar es el elemento físico. La recuperación del peso debe ser nuestro primer objetivo. Con esto eliminaremos gran parte de los riesgos de enfermedades con lo que su bienestar mejora. La recuperación física además trae consigo una mejora en algunos aspectos cognitivos que facilitará la siguiente intervención: la puramente psicológica. Modificar los pensamientos, sentimientos y conductas patológicas. Se trata de mejorar la autoestima y de estimular nuevas formas de expresar sentimientos y valorarse a sí mismo, reconciliándose con su cuerpo y sus necesidades.

Todo esto implica que el tratamiento debe ser guiado tanto por un médico como por un psicólogo.

Epidemiología y curso

En nuestro país se ha convertido en poco tiempo en la tercera enfermedad más común entre las adolescentes. Sólo por detrás de la obesidad y el asma. Siendo más común entre las chicas que entre los chicos (por cada chico anoréxico encontramos quince chicas) aunque la diferencia está disminuyendo.

Un dato muy alarmante, es que cada vez la enfermedad aparece a edades más tempranas, bajando ya hasta los catorce años. Este trastorno no suele afectar a personas de más de treinta años, siendo casi imposible encontrar a enfermos con más de cuarenta años sufriendo anorexia. 

El comienzo se asocia a un acontecimiento estresante. Por ejemplo, en el colegio es frecuente que los niños se metan con aquellos que están más obesos. Estos llegan a acomplejarse tanto que se obsesionan con el tema, con lo que las probabilidades de aparición de la enfermedad aumentan de manera exponencial. 

Cultura

Ya en el instituto, la “cultura” de la talla y el peso perfecto acompleja a muchos. Si no cumples con esa regla, eres marginado por tu grupo de iguales. 

Esta “cultura” ha convertido a la delgadez en el requisito indispensable para triunfar social y profesionalmente. Como ya comenté antes, estamos rodeados de mensajes que ensalzan la delgadez como imagen corporal perfecta. Si no estás delgado, no serás feliz.

Los jóvenes se ven presionados todo el tiempo. Si a esto le añadimos personas con una baja autoestima, la anorexia campará a sus anchas en esa persona. 

Otro elemento que aporta este primer mundo para que aflore la enfermedad es la cada vez menor relación familiar que existe. Es muy normal encontrar familias que no comparten las horas de la comida. El trabajo de los padres hace que comer con los hijos sea una misión muy complicada, perdiéndose de esta forma el control que se tenía antes de qué come o dejan de comer los hijos. Los divorcios, la sobreprotección hacia los hijos o la muerte de un familiar, pueden ser el detonante para que se produzca un trastorno en la conducta alimentaria de los adolescentes.

Actuación

Cuando nos encontremos ante un posible caso de anorexia, nuestra primera actuación debe ser dirigirnos a nuestro médico de atención primaria o al pediatra, que tras su evaluación nos derivará a Salud Mental o al hospital. 
A continuación nos dirigiremos a un centro especializado en Trastornos Psicológicos. Hoy día, las investigaciones nos ponen de manifiesto que el enfoque terapéutico más eficaz es el cognitivo-conductual. Este enfoque psicológico consiste en eliminar los comportamientos alimentarios alterados, tales como las purgas; y trabajar contra la evitación social y de su propio cuerpo, la autoestima, la impulsividad, y otros elementos psicológicos que se ven afectados por la enfermedad.
     
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